Parte 2: FINGÍ DORMIR PARA DESCUBRIR QUÉ OCULTABA MI NUEVA EMPLEADA, PERO LAS SEIS PALABRAS DE SU HIJA REVELARON QUE SU PADRE HABÍA MUERTO POR UNA TRAICIÓN NACIDA DENTRO DE MI PROPIA ORGANIZACIÓN

Y empecé a separarme de aquello que durante años había convertido mi apellido en algo que la gente pronunciaba en voz baja.

No ocurrió de la noche a la mañana.

Había consecuencias.

Responsabilidades.

Cosas que no podían simplemente borrarse porque una niña de cuatro años me hubiera cubierto con una manta.

María fue muy clara al respecto.

—No voy a ser la mujer que te “salvó”.

—Nunca te lo pedí.

—Bien.

—Aunque eres bastante mandona para ser mi empleada.

—Entonces despídeme.

La miré.

Ella levantó una ceja.

—Eso pensé.

Pero había otro problema.

Yo estaba enamorándome de ella.

Y María dependía de su trabajo.

Así que no hice nada.

Cuando finalmente se lo confesé, meses después, ella se quedó mirándome.

—¿Y qué esperas que haga con esa información?

—Nada.

—¿Nada?

—Mientras trabajes para mí y tu vivienda dependa de este empleo, cualquier relación entre nosotros estaría desequilibrada.

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