Parte 2: FINGÍ DORMIR PARA DESCUBRIR QUÉ OCULTABA MI NUEVA EMPLEADA, PERO LAS SEIS PALABRAS DE SU HIJA REVELARON QUE SU PADRE HABÍA MUERTO POR UNA TRAICIÓN NACIDA DENTRO DE MI PROPIA ORGANIZACIÓN

María pareció sorprendida.

—Eso ha sido inesperadamente sensato.

—Me ofende tu sorpresa.

Sonrió.

—Un poco debería.

Un año después, María dejó mi casa.

No porque discutiéramos.

Había conseguido un puesto administrativo en una organización de servicios comunitarios.

Alquiló un pequeño apartamento con Sofía.

La ayudé únicamente en aquello que podía hacerse sin convertir ayuda en obligación.

El resto lo consiguió ella.

El último día, Sofía apareció cargando la misma manta.

—Señor Daniel.

—¿Sí?

Me la entregó.

—Ahora usted se la queda.

—¿Por qué?

Me miró como si fuera estúpido.

—Porque ya tiene casa, pero todavía necesita manta.

María se tapó la boca para no reír.

Yo me agaché.

—Gracias, pequeña.

Sofía me abrazó.

Me quedé completamente inmóvil.

Después, con mucho cuidado, la abracé también.

Pasaron otros seis meses antes de que invitara a María a cenar.

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