El oficial volvió hacia mí.
—Mi coronel, ¿hay algún problema?
—Ninguno.
Álvaro me miraba fijamente.
—¿Te llamó coronel?
—Porque ese es mi empleo.
Octavio abrió la boca.
—Pero tú trabajabas en administración.
—He trabajado en varios destinos.
—Tú nunca dijiste…
Lo interrumpí.
—Nunca preguntaron.
Álvaro avanzó.
—Las niñas no pueden irse.
—Firmaste el acuerdo esta mañana.
—¡Pensé que significaba vacaciones o desplazamientos cortos!
—Tu abogado te explicó la cláusula.
—No puedes llevártelas porque sí.
—Y no lo hago.
Mi voz siguió tranquila.
—El traslado está comunicado por los cauces correspondientes. Si quieres solicitar una modificación del régimen, habla con tu abogado.
El oficial permaneció apartado.
No dio órdenes a Álvaro.
No necesitaba hacerlo.
Mi rango no iba a convertirse en un arma para resolver mi divorcio.
—Elena, necesito hablar contigo.
—Habla.
Miró a nuestras hijas.
—A solas.
—Entonces llama esta noche.
—¡Es urgente!