Por la tarde Eduardo despertó en Terapia Intensiva. Preguntó por mí convencido de que, como siempre, estaría al lado de su cama. Su madre tuvo que contarle que yo ya no vivía en el departamento.
Me llamó veintitrés veces. No respondí. Liliana me indicó que dejara cualquier asunto del juicio en manos de ella.
Después llegaron los mensajes de voz.
«Cristinita, perdóname. Evelyn fue un error. Lo de la casa se le ocurrió a mi mamá. Yo solo hice lo que me pidió. Tú sabes que no puedo llevarle la contraria».
Mi abogada escuchó la grabación.
—Guárdalos todos. Pueden ayudarnos a demostrar qué sabía cada quien.
La familia que habían construido sobre mis horas de trabajo empezó a venirse abajo. Los compradores del inmueble exigieron la devolución del anticipo y la penalización pactada. Doña Graciela descubrió que ni siquiera tenía dinero suficiente para devolverlo: habían gastado una parte en muebles para el bebé y anticipos de la boda.