Se secó el rostro.
—¿Entonces cuál fue?
Miré la urna.
—Tener que vivir sabiendo que tu hija necesitaba una cosa muy sencilla de ti: que contestaras el teléfono.
Me fui.
Los meses siguientes fueron lentos.
La investigación continuó.
Algunas acusaciones financieras quedaron en manos de abogados y autoridades. Valeria terminó enfrentada legalmente con Rodrigo mientras ambos se culpaban por las mismas operaciones que antes firmaban juntos.
Yo presenté la demanda de divorcio.
No pedí regresar con mi padre a la vida que había abandonado.
Preferí comenzar otra.
Volví a trabajar.
Y con una parte del patrimonio que todavía estaba a mi nombre creamos el Fondo Sofía, destinado a ayudar a familias con niños que dependen de medicamentos importados y enfrentan retrasos administrativos.
La primera vez que aprobamos un pago urgente eran las dos de la mañana.
Una niña de cinco años necesitaba un tratamiento que su seguro había detenido por un error burocrático.