Mi padre guardó silencio durante varios segundos.
—¿Qué quieres que haga?
Por primera vez en años mi voz salió completamente firme.
—Ciérrale todas las puertas que abrió usando nuestro apellido.
Mi padre respondió:
—Hecho.
Después colgó.
Bajé lentamente el teléfono.
En ese instante llegó un mensaje desde un número que yo todavía reconocía como el del abogado personal de mi padre.
Solo decía:
“Señora Mariana, su padre acaba de activar el expediente Cárdenas.”
Me quedé mirando la pantalla.
Yo nunca había oído hablar de ningún expediente.
Y todavía no podía imaginar lo que mi padre llevaba años guardando contra mi esposo.
PARTE 2
Cuarenta minutos después, Tomás, el hombre de confianza de mi padre desde que yo era adolescente, llegó por mí.
No hizo preguntas.
Solo me puso un abrigo sobre los hombros y abrió la puerta trasera del auto.