—Don Ignacio dijo que primero la llevara a casa.
—No.
Tomás me miró por el espejo.
—Llévame a Grupo Cárdenas.
Vaciló apenas un instante.
—Como usted diga.
Durante el trayecto, mi teléfono recibió un archivo enviado por mi padre.
Lo abrí.
Y entonces entendí lo que significaba “expediente Cárdenas”.
Mi padre llevaba casi tres años reuniendo información.
No porque planeara destruir a Rodrigo.
Porque nunca confió en él.
Grupo Cárdenas había crecido gracias a créditos, contactos y fondos de inversión en los que la familia Salgado había tenido una participación decisiva.
Después de que yo corté relación con mi padre, él se negó a intervenir en mi matrimonio, pero ordenó vigilar su dinero.
Y los números eran devastadores.
Viajes personales cargados como reuniones internacionales.
Departamentos rentados para ejecutivos inexistentes.
Relojes.
Joyas.
Hoteles.
Restaurantes.
Transferencias a sociedades relacionadas con Valeria Cortés.