—¿Celebración?
—Cerraron un contrato importante con un grupo hotelero. Según la invitación interna, Rodrigo planeaba reconocer públicamente “la entrega y sacrificio” de la licenciada.
Miré por la ventana.
Sofía llevaba menos de seis horas muerta.
Y su padre estaba brindando.
Al llegar a Santa Fe, Tomás abrió la cajuela y sacó una funda negra.
—Su padre pidió que le entregara esto.
Dentro había un traje sastre color negro, zapatos de tacón y una carpeta.
Me cambié en un baño privado del edificio.
Cuando salí, apenas reconocí a la mujer del espejo.
Durante años había usado pants, tenis y sudaderas porque prácticamente vivía entre consultas y hospitales.
Ahora tenía el rostro pálido y ojeroso.
Pero mi mirada había cambiado.
Subí al elevador.
Cuando llegué al piso treinta y ocho escuché aplausos.
Las puertas del salón estaban abiertas.