Lo había comprado como regalo de boda para Clara.
Álvaro abrió la puerta antes de que tocaran.
Dos agentes se encontraban ya frente a él.
—Todo esto es ridículo —protestó—. Mi mujer ha tenido una discusión familiar y su padre está utilizando la situación para acosarnos.
Uno de los agentes pidió hablar directamente con Clara.
Álvaro intentó responder por ella.
No se lo permitieron.
Pasaron casi 2 minutos.
Finalmente, Clara apareció al fondo del recibidor.
Llevaba un bolso, una chaqueta y una carpeta azul apretada contra el pecho.
Álvaro giró hacia ella.
—Clara, vuelve arriba. Mañana hablamos cuando estés tranquila.
Ella no obedeció.
Caminó hasta los agentes.
—Quiero irme de esta casa.
—Cariño…
—No me llames así.
Álvaro quedó inmóvil.
Clara salió.
Cuando vio a Mateo junto al coche, dejó caer el bolso y corrió hacia él.
Padre e hija se abrazaron por primera vez en 5 años.