Salí de prisión después de 5 años y mi yerno me esperaba junto a su coche de lujo, dejando caer billetes delante de mí como si yo no valiera nada. «Toma 100.000 euros y desaparece.» No recogí ni uno: fui directamente a buscar una vieja caja que había ocultado antes de mi condena. Dentro encontré la escritura del terreno sobre el que había levantado su imperio.

Olvidó que aquel anciano había pasado más de 40 años construyendo edificios.

Y sabía perfectamente que, cuando una torre se levanta sobre unos cimientos falsos, no hace falta empujarla.

Solo hace falta demostrar dónde está la grieta.

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