“Si no te gusta que te llamemos cerda, vete; esta casa ya es de mi hijo”, dijo mi suegra delante de todos. Después de 3 años de aguantar, saqué mi teléfono pero no llamé a nadie. Justo entonces golpearon la puerta. El hombre que entró dejó una carpeta sobre la mesa y preguntó por qué mi esposo había preparado el fraude cinco meses antes de nuestra boda.

Teresa abrió la boca.

—Yo solamente intentaba enseñarte…

—Cállese.

La palabra cayó como una piedra.

Teresa se quedó inmóvil.

Mariana nunca le había hablado así.

—No vuelva a decirme cómo vivir en la casa de mis padres.

Rodrigo se acercó.

—No te emociones. Legalmente todavía es mía.

Santiago cruzó una mirada con Daniel.

—Por ahora existe una escritura que estamos impugnando. También solicitamos medidas para impedir que el inmueble sea vendido mientras el asunto se resuelve.

Rodrigo apretó la mandíbula.

—No pueden sacarme.

—Quizá un juez tendrá que resolver ciertos aspectos —respondió Daniel—, pero tú acabas de admitir delante de varios testigos que investigaste el patrimonio de Mariana antes de casarte y que existía un plan para conseguir su firma. Te recomiendo dejar de hablar.

Mauricio y los demás invitados ya se estaban poniendo de pie.

Nadie quería permanecer ahí.

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