No sabía que, mientras ella pronunciaba aquellas palabras, un hombre acababa de llegar a Guadalajara después de cuatro años de ausencia.
Y tampoco sabía que llevaba una carpeta capaz de destruir, en una sola noche, todo lo que Rodrigo había construido con sus mentiras.
PARTE 2
La mañana de su cumpleaños comenzó igual que cualquier otra.
—¡Mariana! ¿Piensas dormir todo el día? —gritó Teresa desde el pasillo—. El desayuno no se prepara solo.
Eran las seis y media.
Nadie dijo “feliz cumpleaños”.
Rodrigo se quejó de que los huevos tenían demasiada sal. Teresa afirmó que el café estaba aguado. Karla dejó su taza sobre la mesa y anunció que esa noche recibirían visitas.
—Va a venir Mauricio, un amigo mío que regresó del norte —dijo—. Así que saliendo del trabajo compras todo esto.
Le entregó una lista.
Mariana la miró.