Subí al escenario con mi bebé en brazos y escuché las burlas, pero el rector levantó la mano y todos dejaron de reír

—¿Ayudándome a qué?

—A sobrevivir.

La palabra cayó entre nosotras con una brutalidad casi tierna.

Elena no había entendido mi lucha. Había intentado encerrarla en una firma para hacerla desaparecer.

El rector bajó del escenario y tomó la carpeta azul. No la abrió delante de todos. Me la entregó a mí.

—Hay una diferencia importante —dijo—. La firma de tu madre existe, pero no transfiere la propiedad. El documento estaba incompleto y Salcedo lo alteró después.

Salcedo levantó la voz.

—¡Ella sabía lo que hacía!

—Sabía que firmaba una gestión administrativa —contestó Alonso—. No sabía que usted añadiría una cesión comercial.

Inés dio un paso al frente.

—Yo vi cuándo cambiaron las páginas. Las originales estaban en la caja metálica.

El decano se volvió hacia ella.

—Usted no entiende de contratos.

—No —respondió Inés—. Pero sé distinguir una hoja arrancada.

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