Aquella frase acabó con la última máscara. Salcedo dejó caer los hombros. No parecía poderoso, ni brillante, ni dueño de nada. Parecía un hombre atrapado en su propio despacho.
El rector se dirigió al público.
—La universidad revocará el registro presentado por ConservaMed, reconocerá a Valeria como autora principal y abrirá una investigación administrativa independiente. Ninguna suma recibida por el proyecto será administrada por este decanato.
Salcedo se abalanzó hacia la mesa.
—¡No pueden quitarme el contrato!
—No era suyo —respondí.
Él se detuvo.
—Tú no sabes lo que estás diciendo. Sin mí, nadie financiará tu trabajo.
Miré la pantalla apagada. Recordé las noches con Mateo en urgencias, el olor a lejía, los apuntes manchados de leche y la caja de espuma que había construido con una cuchilla prestada.
—Entonces lo haré sin usted.
No fue una frase heroica. Me salió cansada.