—Valeria, la persona que iba a cuidar al bebé llamó. Dice que no vendrá.
Miré a Mateo. Luego miré la puerta de salida.
—Entonces subirá conmigo.
Cuando pronunciaron mi nombre, el murmullo creció. Caminé hacia el escenario con el corazón golpeándome las costillas. El rector Alonso Rivas se levantó de su silla, pero no sonreía. Tenía entre los dedos una carpeta de cartón rojo, atada con un cordón dorado.
—Valeria Montes —anunció.
Subí el primer escalón. Alguien soltó una risita.
El rector tomó el micrófono.
—Antes de entregarle su diploma, debo decir algo que ciertas personas han intentado mantener oculto…
Su mano empezó a desatar el cordón de la carpeta…
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PARTE 2
PARTE 3
La carpeta de Elena contenía una firma que lo cambiaba todo…
PARTE 2
Su mano empezó a desatar el cordón de la carpeta, y el sonido seco del nudo al soltarse pareció más fuerte que los aplausos anteriores. Mateo se movió contra mi pecho. Le acomodé la cabeza bajo mi barbilla mientras el rector miraba primero al público y después hacia la mesa de profesores.