—Esta alumna no está aquí por lástima —dijo—. Tampoco por una excepción.
El decano Tomás Salcedo se removió en su silla. Su anillo de plata golpeó dos veces la mesa.
—Alonso, no es el momento —susurró.
—Precisamente por eso es el momento.
Un fotógrafo dejó de disparar. En la tercera fila, mi madre, Elena, apretó el bolso contra el estómago. No la había invitado, pero apareció de todos modos. La vi mirar a Mateo y después apartar la vista.
El rector sacó una hoja de la carpeta.
—Valeria Montes obtuvo la calificación más alta de su promoción en la carrera de Tecnología Farmacéutica.
Hubo aplausos dispersos. Yo no reaccioné. Sabía que había quedado entre las mejores, pero el decano me había dicho que la distinción correspondía a otro estudiante por “criterios administrativos”.
—Su proyecto final fue presentado como un trabajo de laboratorio —continuó Alonso—. Sin embargo, durante los últimos meses, ese proyecto ha sido utilizado fuera de esta universidad sin su autorización.