—Ella es la responsable. Robó información y atacó a mi prometida.
Fernanda se puso de pie con dificultad.
—Mire mis muñecas. Luego mire las de Valeria. Después revise el camarote.
El oficial hizo una señal. Uno de los marinos entró al camarote principal y regresó con una caja de teléfonos, varias jeringas, rollos de cinta adhesiva y una cámara pequeña escondida detrás de un espejo.
La expresión de Mauricio se quebró.
—Eso no es mío.
Tomás señaló la consola.
—La cámara está conectada a su sistema. Solo él tenía la clave.
—¡Mi padre la instaló!
—Pero tú ordenaste cambiar la contraseña —dijo Valeria.
Mauricio se abalanzó hacia ella.
No llegó a tocarla.
El guardia de la cicatriz se interpuso y lo sujetó por los brazos.
—Ya basta —dijo—. Mi hermana aparece en ese libro.
Mauricio lo miró con furia.