Subí al yate que regalé a mi hija y encontré una escena imposible; cuando exigí abrir el camarote, Mauricio dejó de sonreír

—Rafael —dijo—, estás cometiendo un error grave. Mauricio me informó que sufriste una crisis y que Valeria atacó a Fernanda.

—Mauricio ya no puede informarte nada.

El rostro de Octavio se endureció.

—Mi hijo es un hombre respetable.

Fernanda colocó frente a la cámara la carpeta sellada.

—¿También es respetable su firma?

Octavio vio la primera página y dejó caer la mano sobre el bastón.

—Eso es privado.

—No —dije—. Es la prueba de que compraste mis pagarés y preparaste una declaración de incapacidad para robar las empresas.

—Yo salvé tus astilleros cuando los bancos iban a cerrarte el crédito.

—Los compraste por una fracción de su valor después de provocar el bloqueo.

Uno de los directores levantó una hoja.

—Aquí aparecen transferencias a tres de nuestras cuentas.

Otro agregó:

—Y una de ellas salió del despacho de Octavio.

Octavio miró a los lados. Nadie se inclinó hacia él.

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