—Por fin entendió quién manda.
Un guardia recibió una llamada. Su expresión se desmoronó.
—Hay una patrullera acercándose.
Mauricio sacó la pistola y apuntó al capitán.
—Aguas internacionales. Ahora.
En una pantalla de la pared apareció una luz roja: el protocolo de bloqueo remoto estaba activo. La puerta de servicio se abrió y Tomás, jefe de máquinas, entró acompañado de dos marineros.
—Cortamos el combustible —dijo—. El piloto automático ya no responde.
Mauricio agarró a Valeria del cuello.
—¡Que se retiren o la mato!
En ese momento vibraron dos teléfonos, el suyo y el mío. En la pantalla apareció un archivo recuperado del servidor: Octavio Alcázar entraba al camarote horas antes y ordenaba culpar a Valeria después de eliminar a Fernanda.
Mauricio palideció.
Fernanda miró el documento y apretó los dedos contra la alfombra.
—Eso no es lo peor —susurró—. Hay una firma que demuestra que Rafael ya no es dueño de nada.