Subí al yate que regalé a mi hija y encontré una escena imposible; cuando exigí abrir el camarote, Mauricio dejó de sonreír

Sacó de su cabello una diminuta llave de cobre. En el extremo llevaba grabado el emblema de mi primer astillero.

—Tu padre firmó la transferencia antes de subir al yate —dijo—. Y la copia original está escondida en un lugar donde él cree que nadie puede entrar…
PARTE 3

Fernanda levantó la llave de cobre con dedos temblorosos.

—En la caja de navegación del puente —dijo—. Octavio la escondió porque solo el capitán puede abrirla.

Mauricio apretó el arma contra las costillas de Valeria.

—¡No te muevas!

Tomás no apartó la mirada de la llave.

—La caja está sellada desde esta mañana. Yo vi a Octavio colocar algo dentro.

—Llévanos al puente —ordené.

—Usted no da órdenes aquí —respondió Mauricio.

—El combustible está cortado, la señal de mi reloj ya salió del barco y tus propios guardias saben que hay una patrullera detrás de nosotros. Lo único que todavía puedes decidir es cuánto tardas en hundirte.

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