Había una bolsa abierta en el suelo y varias cosas habían caído de su interior.
Un monedero.
Un paquete de pañuelos.
Unas llaves.
Y un estuche con medicamentos.
Alejandro dejó a Valeria cuidadosamente sobre la banca y se acercó a la mujer.
—Señora, ¿me escucha?
Nada.
Respiraba, pero apenas reaccionaba.
Alejandro llamó inmediatamente a emergencias.
Mientras explicaba la situación, observó nuevamente el estuche de medicamentos y vio que contenía insulina y una tarjeta médica.
Siguió exactamente las indicaciones del operador sin intentar administrarle nada por su cuenta.
Valeria se aferró a su brazo.
—Por favor, ayúdala.
—Ya vienen a ayudarla.
—Mi mamá es todo lo que tengo.
Alejandro miró a la niña.
Había negociado contratos enormes sin ponerse nervioso.
Había despedido ejecutivos, enfrentado crisis empresariales y tomado decisiones que afectaban a cientos de personas.
Pero nunca había sentido una responsabilidad tan grande como la que sintió en aquel momento.