Un empresario millonario oyó llorar a una niña en Nochebuena y descubrió algo que cambió su vida para siempre

Tomó la mano de Valeria.

—No vas a estar sola.

La niña comenzó a llorar otra vez.

Alejandro la abrazó.

—Van a ayudar a tu mamá. Y yo me quedaré contigo hasta que sepamos que está bien.

No sabía por qué había hecho aquella promesa.

Solo sabía que debía cumplirla.

La ambulancia llegó pocos minutos después.

Los paramédicos atendieron rápidamente a la mujer mientras Alejandro permanecía con Valeria.

—¿Cómo se llama tu mamá? —preguntó uno de ellos.

—Mariana Cruz.

—¿Y tú?

—Valeria.

Cuando subieron a Mariana a la ambulancia, Valeria entró en pánico.

—¡Mamá!

Alejandro volvió a cargarla.

—Voy contigo.

En el hospital, los médicos llevaron inmediatamente a Mariana al área de urgencias.

Alejandro se sentó en una silla con Valeria sobre las piernas.

La niña no quería soltarlo.

Seguía abrazando su conejo gris con una mano y sujetando la camisa de Alejandro con la otra.

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