Un empresario millonario oyó llorar a una niña en Nochebuena y descubrió algo que cambió su vida para siempre

—Yo puedo quedarme con ella.

La trabajadora social lo observó con cierta sorpresa.

—Usted no es familiar.

—Lo sé.

—Ni siquiera conocía a la niña hace unas horas.

—También lo sé.

Alejandro sacó su identificación.

—Verifique quién soy. Haga las comprobaciones necesarias. No estoy pidiendo que me la entreguen sin más. Solo quiero que no despierte rodeada de desconocidos después de haber visto a su madre inconsciente.

La trabajadora social guardó silencio.

Alejandro continuó:

—Le prometí que me quedaría.

Después de verificar su identidad y mientras el personal seguía intentando contactar a alguien cercano a Mariana, le permitieron acompañar a Valeria dentro del hospital.

No era su tutor.

No tenía ninguna autoridad sobre ella.

Simplemente era el hombre al que Valeria había decidido no soltar.

Pasaron varias horas.

Finalmente apareció un médico.

—La señora Cruz está estable.

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