Su traje costoso estaba arrugado.
Uno de sus zapatos tenía tierra.
Su teléfono llevaba más de una hora vibrando con mensajes que no había leído.
Por primera vez en muchos años, nada de eso le importaba.
Una trabajadora social se acercó.
—¿Es familiar de la señora Mariana Cruz?
Alejandro negó con la cabeza.
—No. Encontré a Valeria sola en el parque. Su mamá estaba inconsciente.
La mujer miró a la niña.
Valeria finalmente se había quedado dormida contra el pecho de Alejandro.
—Estamos intentando localizar familiares.
—¿Han encontrado a alguien?
—Todavía no.
La madre de Mariana había fallecido años atrás. No aparecía ningún familiar cercano disponible y el único contacto registrado era una vecina que no respondía.
Alejandro bajó la mirada hacia Valeria.
—¿Qué pasará con ella?
—Mientras resolvemos la situación, permanecerá protegida aquí y seguiremos los procedimientos correspondientes.