Poseía un departamento enorme, varios autos, inversiones y más dinero del que probablemente necesitaría durante el resto de su vida.
Pero aquella Nochebuena no había nadie esperándolo en casa.
Sus padres habían muerto años atrás.
Su hermano vivía en otro país con su propia familia.
Y la mujer con la que estuvo a punto de casarse había terminado la relación cinco años antes.
La última conversación entre ambos todavía regresaba a su memoria de vez en cuando.
—Un día vas a mirar alrededor y descubrirás que construiste una gran empresa, pero olvidaste construir una vida.
Alejandro había pensado que exageraba.
Hasta aquella noche.
Había salido tarde de su oficina después de despedir a sus empleados. Todos se marcharon emocionados para cenar con sus familias.
Él simplemente bajó al estacionamiento.
Entonces escuchó llorar a la niña.