—Y la noche en que encontré a Valeria iba camino a pasar la Nochebuena completamente solo.
Mariana entendió de inmediato.
—Está solo.
No era una pregunta.
Alejandro asintió.
—Mucho.
—¿No tiene familia?
—Sí. Pero construí mi vida de tal manera que siempre había algo más importante que verlos.
Miró nuevamente a Valeria.
—Ella me recordó que ser necesario y ser importante no son lo mismo.
Mariana sonrió débilmente.
—Mi hija hace muchas preguntas.
—Demasiadas.
—Pero algunas son buenas.
—Especialmente las incómodas.
Los dos rieron.
Al día siguiente, Alejandro llevó a Mariana y Valeria a casa en su automóvil.
Valeria iba fascinada mirando por la ventana.
Mariana, en cambio, permanecía callada.
Vivía en una colonia sencilla, lejos de la zona donde estaba la oficina de Alejandro.
El edificio tenía varios años.
Algunas paredes necesitaban pintura.
La puerta principal no cerraba bien.