La trabajadora social guardó silencio.
Alejandro continuó:
—Le prometí que me quedaría.
Después de verificar su identidad y mientras el personal seguía intentando contactar a alguien cercano a Mariana, le permitieron acompañar a Valeria dentro del hospital.
No era su tutor.
No tenía ninguna autoridad sobre ella.
Simplemente era el hombre al que Valeria había decidido no soltar.
Pasaron varias horas.
Finalmente apareció un médico.
—La señora Cruz está estable.
Alejandro cerró los ojos un instante.
No había notado lo tenso que estaba hasta escuchar esas palabras.
—¿Va a estar bien?
—Todo indica que sí. Fue una emergencia relacionada con su diabetes. Necesitamos mantenerla en observación.
Alejandro miró inmediatamente a Valeria.
La niña seguía dormida.
—¿Puedo verla?
Poco después entró solo a la habitación de Mariana.
Ella parecía agotada.
Tenía el rostro pálido, pero estaba consciente.