La mujer miró a la niña.
Valeria finalmente se había quedado dormida contra el pecho de Alejandro.
—Estamos intentando localizar familiares.
—¿Han encontrado a alguien?
—Todavía no.
La madre de Mariana había fallecido años atrás. No aparecía ningún familiar cercano disponible y el único contacto registrado era una vecina que no respondía.
Alejandro bajó la mirada hacia Valeria.
—¿Qué pasará con ella?
—Mientras resolvemos la situación, permanecerá protegida aquí y seguiremos los procedimientos correspondientes.
—Yo puedo quedarme con ella.
La trabajadora social lo observó con cierta sorpresa.
—Usted no es familiar.
—Lo sé.
—Ni siquiera conocía a la niña hace unas horas.
—También lo sé.
Alejandro sacó su identificación.
—Verifique quién soy. Haga las comprobaciones necesarias. No estoy pidiendo que me la entreguen sin más. Solo quiero que no despierte rodeada de desconocidos después de haber visto a su madre inconsciente.