Fernando Ramírez llevaba varios años retirado de la Armada. Era un hombre estricto, de pocas palabras, que había invertido buena parte de sus ahorros para ayudar a su hijo a abrir el gimnasio.
Sebastián respondió esperando que lo defendiera.
—Papá, antes de que escuches rumores, quiero explicarte…
—Ya vi el video —lo interrumpió Fernando.
El silencio fue inmediato.
—Papá, ella me provocó…
—Vi cómo insultaste a un niño.
—No fue así.
—Vi cómo empujaste a una mujer mayor.
—¡Pero después me atacó!
Fernando respiró profundamente.
—Sebastián, ¿sabes quién es Elena Moreno?
El joven no contestó.
—Esa mujer me ayudó a salvar la vida cuando yo era un marino joven. También me enseñó a reconocer cuándo debía usar la fuerza y cuándo debía contenerme.
Sebastián se sentó lentamente.
—No sabía que era ella.
Entonces Fernando pronunció la frase que más le dolería recordar.