—¿Qué cosa?
—Respetar a los demás.
Elena se acercó a la recepción y sacó de su monedero los 350 pesos.
—Buenas tardes. Venimos a la clase especial. Mi nieto está muy emocionado.
Sebastián examinó primero el dinero, luego los tenis gastados del niño y finalmente el abrigo de Elena.
Soltó una carcajada.
—¿De verdad creen que pueden entrenar aquí?
—Traemos el dinero completo, joven —contestó Elena.
—No se trata solamente de dinero. Este es un gimnasio de categoría. No quiero gente que venga a dar lástima.
Dos muchachos que estaban junto al instructor comenzaron a reírse.
Leo bajó la mirada.
—Mi disfraz lo hizo mi abuelita —murmuró.
Sebastián lo escuchó.
—Pues se nota. Parece que lo sacaron de la basura.
Elena sintió que el niño le apretaba la mano.
—Puede burlarse de mi ropa si quiere, pero no humille a mi nieto. Él no le ha faltado al respeto.