La revisión de los archivos llevó a otros nombres.
El director de la corporación municipal, Horacio Beltrán, había autorizado el cierre de varias quejas sin una investigación suficiente.
Los documentos y las diligencias posteriores permitieron investigar también la posible entrega de parte del dinero recaudado.
Dejó de ser la historia de un agente.
Aparecieron quienes habían ignorado avisos, alterado registros o ayudado a mantener el silencio.
No ocurrió en doce minutos.
Ocurrió durante meses de trabajo, comparecencias aplazadas y llamadas que yo contestaba con un nudo en el estómago.
Hubo noches en que revisé dos veces la puerta de mi casa.
Solicité acompañamiento y medidas de protección. Acepté cambiar algunos horarios mientras se evaluaba el riesgo.
Diego me ayudó a encontrar representación independiente.
También me recordó que descansar no significaba abandonar a los demás.
Una tarde me encontró sentada frente al hospital, incapaz de subir al coche.