Él le pidió a la enfermera que nos dejara unos minutos y después empezó con una frase que yo no quería escuchar: «Intentaba protegerlas».
Le respondí que proteger a alguien no debería exigir mentirle a una hija sobre su cumpleaños, a una esposa sobre los turnos de noche y a uno mismo sobre su propio miedo.
Andriy cerró los ojos y dijo que, después del diagnóstico, al principio los médicos habían hablado de buenas probabilidades de respuesta al tratamiento, así que había decidido esperar.
Después, a un ciclo le siguió otro, una prueba de control mostró una respuesta incompleta, y cada semana que pasaba le hacía más difícil mantener una conversación sincera.
Confesó que lo que más temía no era la muerte, sino la mirada con la que Sofiyka empezaría a recibirlo cada mañana después de oír la terrible palabra «cáncer».