Valeria volvió a mirar a Mariana.
Había visto cómo colocaba el pavo de nuevo.
Había visto a Sofía hablar con ella.
Y también había visto a Mariana llorar mientras fingía que buscaba algo dentro del bolso.
La niña volvió a tirar de la chaqueta de su padre.
—Papá.
Alejandro seguía hablando.
—Un momento, Vale.
—Papá.
—Ya termino.
—Papá, esa señora está llorando.
Alejandro dejó de caminar.
—¿Qué?
Valeria señaló discretamente.
Mariana estaba agachada frente a Sofía, abrochándole el suéter aunque no hacía falta.
En realidad, solo intentaba ganar unos segundos para recuperar la compostura.
Alejandro miró la escena.
—Puede que esté triste.
—Devolvió el pavo.
—¿Qué pavo?
—El que quería comprar.
Alejandro miró el congelador.
Luego a Mariana.
Después a su hija.
—Quizá cambió de opinión.
Valeria negó con la cabeza.
—No podía pagarlo.