Una niña abrazó a una joven descalza en Nochebuena, pero nadie imaginaba lo que ocurriría después

La que hacía dibujos en cualquier hoja que encontraba.

La que se reía demasiado fuerte.

La que había tenido planes.

Bajó las escaleras con el suéter de Elena y el cabello todavía húmedo.

La mesa estaba llena.

Había familiares de Ricardo, algunos adultos y dos adolescentes.

Mariana se preparó mentalmente para las miradas.

Pero Sofía corrió hacia ella.

—¡Te ves diferente!

Mariana se puso nerviosa.

—¿Eso es bueno?

La niña la examinó.

—Sí. Pero sigues siendo Mariana.

Todos rieron.

La tensión desapareció.

Durante la cena nadie le preguntó por qué vivía en la calle.

Nadie quiso conocer detalles dolorosos.

Hablaron de cosas normales.

De la escuela.

Del tráfico.

De recetas que habían salido mal.

De un sobrino que había intentado arreglar una licuadora y terminó rompiéndola por completo.

Mariana se descubrió riendo.

Era un sonido que le resultaba extraño.

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