Había tratamientos.
Medicamentos.
Traslados.
Estudios.
Días en que Mariana no podía trabajar porque Sofía necesitaba compañía.
Y aunque contaba con algunos apoyos y cobertura médica, había gastos que seguían acumulándose.
—Está atrasada con la renta —me dijo Teresa—. También con algunos pagos del tratamiento.
Aquella noche regresé a mi departamento.
Calenté sopa.
Corté dos pedazos de pan.
Encendí el televisor, pero ni siquiera recuerdo qué programa estaba puesto.
Pensaba en Sofía.
Durante treinta y cinco años yo había trabajado mucho y gastado poco.
Nunca tuve grandes gustos.
No compraba coches nuevos.
No viajaba.
No tenía una casa grande.
No tenía hijos a quienes dejar una herencia.
Simplemente había ido guardando dinero.
Mes tras mes.
Año tras año.
Siempre pensé que algún día serviría para algo.
Pero nunca me había preguntado para qué.