—Mariana, no.
—Dormimos en el coche anoche.
Elena se quedó inmóvil.
—Y tú no comiste hoy.
—Basta.
—Me diste lo último que teníamos.
Elena perdió la fuerza que había estado utilizando para mantenerse firme.
Se sentó lentamente.
Se cubrió el rostro.
—Estoy intentando arreglarlo —dijo—. De verdad lo estoy intentando.
Me senté a cierta distancia.
No quería que sintiera que estaba interrogándola.
Después de unos minutos comenzó a contarme su historia.
Había trabajado durante años como encargada administrativa en una pequeña empresa.
Sabía organizar agendas, coordinar personal, resolver problemas, llevar controles y mantener funcionando una oficina.
Cuando la empresa redujo personal, perdió el empleo.
Durante un tiempo sobrevivieron con sus ahorros.
Luego ya no pudieron pagar la renta.
Elena siguió buscando trabajo.
Pero cada problema parecía crear otro.
No tener domicilio estable complicaba solicitudes.
No disponer siempre de transporte hacía difícil acudir a entrevistas.