Volví a casa en nochebuena sin avisar y encontré a mi hija de 10 años de rodillas, boleando botas ajenas. mi hermana se burló: “es nuestra sirvienta, primero comen las visitas”. Había 9 platos en la mesa… Ninguno era para ella. lo que hice después y quién me había mandado llamar dejó a todos helados.

Detrás de ella había seis pares de zapatos más, formados en fila, esperando turno.

Botas de charol, tenis caros, botines de mi hermana.

Y recargado contra la puerta, donde se colaba el aire helado de diciembre, vi algo que me rompió por dentro.

Un cojín amarillo con una S bordada a mano.

Se lo había hecho yo para su cumpleaños número diez.

Era su almohada para dormir, la que metió en su maletita diciéndome:

—Para que huela a nuestra casita mientras no estás.

Ahora estaba ahí, todo sucio y aplastado, sirviendo para que no entrara el viento.

Desde el comedor llegaba el olor a pavo, a romeritos, a ponche hirviendo.

Se escuchaban las risas, el chocar de copas y José José de fondo.

Mi hermana Karla me vio en el pasillo y levantó su copa de vino tinto como si brindara por mi aparición.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *