Los agentes no declararon culpable a nadie ni resolvieron la disputa de propiedad allí mismo. Tomaron nota de lo que Carmen relataba y explicaron que cualquier posible uso no autorizado de sus medios de pago debía denunciarse y acreditarse.
Sin embargo, algo sucedió mientras Carmen hablaba.
Al principio tenía las manos juntas y la voz baja.
A mitad de su relato separó las manos.
Después levantó la barbilla.
Al final miró directamente a Álvaro.
—Y también me hacías limpiar cuando venían invitados porque decías que “yo no tenía otra cosa que hacer”.
Uno de los agentes dejó de escribir durante 1 segundo.
Laura se sentó.
Álvaro perdió el color.
Los invitados comenzaron a marcharse. Algunos se despedían sin mirar a nadie; otros murmuraban excusas absurdas. En pocos minutos, la fiesta se vació.
A las 22:15, Laura fue la primera en ceder.
—Me quiero ir.