Volví de Dubái un mes antes y mi cuñado me abrió la puerta de la casa que compré para mi madre, mientras ella fregaba de rodillas el patio. Él bebía whisky y soltó: «Si vienes a limpiar, entra por detrás». No discutí: llamé a mi abogado y puse los extractos sobre la mesa. Entonces encontré un recibo de farmacia rechazado… y un cargo de 1.180 euros solo 2 horas después.

Laura comenzó a llorar de verdad.

Álvaro dejó el vaso sobre la mesa con un golpe.

—Esto no se va a resolver esta noche.

—En una cosa tienes razón —dijo Javier—. Si decidís quedaros, la propiedad seguirá el procedimiento legal correspondiente. Nadie os va a sacar por la fuerza. Pero también podéis pactar una salida voluntaria hoy, llevaros lo esencial y volver mañana a recoger el resto en un horario acordado y con acompañamiento.

—¿Y si no aceptamos?

—Entonces no aceptáis. Y cada parte ejercerá sus derechos por la vía legal.

Álvaro sacó el móvil.

—Voy a llamar a la policía.

—Hazlo —respondió Natalia.

La llamada terminó con una patrulla en la puerta 20 minutos después.

Los agentes escucharon a todos por separado. Javier dejó claro desde el principio que no pretendían un desalojo improvisado. Mostró la escritura y explicó que, si no existía una salida voluntaria, se acudiría al procedimiento civil correspondiente. Carmen contó lo de las tarjetas, la habitación junto al garaje, las amenazas veladas y la farmacia.

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