Carmen acabó confesándolo entre lágrimas. Laura y Álvaro se habían instalado en el dormitorio principal. A ella la trasladaron a una habitación pequeña junto al garaje. Primero comenzaron a comprar con su tarjeta “por comodidad”. Después se quedaron con las claves. Más tarde, Álvaro le repetía que Natalia podía vender la casa si descubría que allí había problemas.
—Yo solo quería que no os pelearais —murmuró Carmen.
Natalia miró el cubo, las manos de su madre y la puerta abierta de una casa que debía haber sido un refugio.
Cogió el cepillo y lo dejó en el suelo.
—No vas a volver a arrodillarte para servirles.
Entraron juntas.
Laura estaba tumbada en el sofá con el móvil. Álvaro se servía otra copa. Al ver a Natalia, su hermana se puso blanca.
—¿Qué haces aquí?
Álvaro frunció el ceño.