—Espera… ¿tú eres Natalia?
Ella dejó la maleta en medio del salón.
—Sí. Y esta casa está a mi nombre.
El silencio fue inmediato.
—Tenéis 30 minutos para preparar lo imprescindible y salir.
Laura se levantó de golpe.
—No puedes echarnos. Llevamos 2 años viviendo aquí.
Álvaro sonrió, convencido de haber encontrado terreno firme.
—Exacto. No funciona así. Si quieres montar un numerito, llama a un abogado.
Natalia miró el reloj: 16:30.
—Eso haré.
Luego sostuvo la mirada de su cuñado.
—A las 21:00 vais a entender la diferencia entre vivir en una casa y adueñarse de la vida de quien os dejó entrar.
PARTE 2
Natalia llevó a Carmen a un hotel cercano, pidió una cena caliente y llamó a Javier Robles, el abogado que gestionaba sus asuntos en España. Le envió la escritura, transferencias bancarias y capturas de movimientos.
Javier fue tajante: nadie debía sacar a Laura y Álvaro por la fuerza. Si se negaban a irse, habría que iniciar el procedimiento legal correspondiente. Pero antes quería revisar algo más.