A las 20:50, Natalia volvió al chalet con Carmen. Había música, coches aparcados y una cena en marcha. Álvaro recibía invitados como si la casa fuera suya.
A las 21:00 llegó Javier con una carpeta. Con él venían un cerrajero, que solo actuaría si había entrega voluntaria de llaves, y una investigadora privada que había ordenado los movimientos de la cuenta de Carmen.
Javier mostró la escritura.
Natalia era la única propietaria.
Después puso sobre la mesa 24 meses de extractos: restaurantes, ropa de lujo, hoteles, billetes de avión y un club privado pagados con el dinero destinado a Carmen.
Laura palideció.
Carmen se acercó y dijo, por primera vez sin bajar la mirada:
—Yo os dejé quedaros. No os regalé mi casa, ni mi dinero, ni mi dignidad.
Entonces Natalia sacó un recibo arrugado de farmacia.
La tarjeta de Carmen había sido rechazada 3 semanas antes.