A las 11:47 de Nochebuena mi esposo me envió por error esta foto. Él en la cama de un hotel con otra, mientras yo cuidaba sola a nuestros gemelos con 39° de fiebre. Me dijo “Eso es lo que hacen las madres” – días después mi abogada me mostró algo mucho peor.

“Es para asegurar la casa, para que si me pasa algo, todo quede a tu nombre y al de los niños”, me dijo. Yo estaba dando pecho, con la blusa manchada, con fiebre puerperal. Me dijo: “Solo firma aquí, aquí y aquí, es pura formalidad, confía en mí.” Firmé. No leí.

Fernanda respiró hondo.

“No aseguraste la casa, Camila. La pusiste como garantía. Mauricio constituyó una empresa de consultoría con Renata hace siete meses. ¿Sabes con qué capital? Con tu departamento. El que te dejó tu abuela antes de casarte, el de la Roma. Ese que era tuyo y que nunca entró a la sociedad conyugal.”

Sentí que el piso se abría.

“En ese documento que firmaste, le diste un poder amplísimo para actos de dominio. Y con ese poder, él hipotecó tu departamento para un crédito de dos millones de pesos a nombre de la empresa que tiene con ella. Si no pagan, pierdes tu casa.”

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