—No.
Alejandro sonrió.
—Ya está hecho.
—Es demasiado.
—No es dinero para ti. Tampoco puede usarse ahora. Cuando cumpla dieciocho, servirá para universidad o formación profesional. Quiero que tenga opciones.
—¿Por qué él?
—Porque es un buen niño.
Laura bajó la mirada.
—Nos conociste tirados en una carretera.
—Exactamente.
—Y ahora haces esto.
—Esa noche pensé que yo les estaba abriendo mi casa. Después entendí que ustedes fueron quienes me la devolvieron.
Laura sintió que se le humedecían los ojos.
—No sé cómo agradecerte.
—Quedándote mientras quieras. No por obligación.
El silencio entre ellos ya no era incómodo.
Era íntimo.
Esa madrugada Alejandro despertó antes del amanecer. Al pasar frente a la habitación de Laura y Mateo, escuchó la voz del niño.
—Mamá, ¿estás despierta?
—Ahora sí.
—¿El tío Alejandro ya es de nosotros?
Hubo una pausa.
—¿Qué significa “de nosotros”?