Mariana seguía sosteniendo la regla.
—¿Qué más no sé?
Daniel no intentó acercarse.
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—Sobre el accidente, casi nada. La carreta volcó. Perdí el caballo. El agua se llevó mis cosas. Caminé hasta que ya no pude seguir y terminé junto a tu cerca.
—Eso ya lo sé.
—Sí.
—Te pregunto qué no sé de ti.
Daniel miró hacia el granero antes de responder.
—Mi familia trabaja con madera desde hace años. Yo crecí entre medidas, cortes, techos y estructuras. El aserradero terminó bajo mi responsabilidad. Tengo propiedades y dinero. Mucho más de lo que te hice creer.
Mariana apretó la mandíbula.
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—No me hiciste creer que eras pobre por accidente.
Daniel no discutió.
—No.
Esa respuesta fue peor que una excusa.
Adela habló desde la puerta.
—Mariana, hace frío.
—Lo sé, mamá.
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—Entonces discutan adentro.
Mariana miró a Daniel.
—Tú quédate.