El Lodo Rojo Reveló Quién Quería Arrebatarles El Rancho-lbsuong

—Mira esto.

Una era la factura de la alfalfa que él había pagado.

La otra, la etiqueta que yo había encontrado dentro de una paca.

Los datos no coincidían.

La factura correspondía al proveedor habitual de Mateo.

La etiqueta pertenecía a otro lote.

Eso confirmaba algo simple y grave: las pacas que habían llegado al rancho no eran necesariamente las que Mateo había comprado.

—¿Quién recibió la entrega? —pregunté.

Mateo se quedó quieto.

—Yo no estaba.

—¿Entonces quién?

—La dejaron junto a la bodega.

—¿Sin que nadie firmara?

—El chofer me llamó. Yo estaba comprando una pieza para la bomba. Le dije dónde descargar.

Miré otra vez la factura.

—¿Y cómo sabían que no estarías?

Mateo frunció el ceño.

—No tenían por qué saberlo.

Ahí estaba el problema.

Cada vez que buscábamos una respuesta, aparecía otra pregunta más incómoda.

Pasamos el resto del día reparando daños en lugar de perseguir teorías.

El ganado necesitaba agua limpia.

Las siete vacas separadas tenían que seguir vigiladas.

Había que retirar cualquier alimento dudoso.

Y, por encima de todo, Mateo tenía que conservar un rancho que seguía perdiendo dinero mientras nosotros tratábamos de averiguar quién lo estaba empujando.

Eso era precisamente lo peligroso del sabotaje.

No necesitaba destruirlo todo en una noche.

Bastaba con obligarlo a gastar un poco más cada semana.

Una reparación aquí.

Una pérdida allá.

Un animal enfermo.

Un lote de alimento inutilizable.

Una cerca dañada.

Hasta que abril llegara y la deuda hiciera el resto.

Tres días después apareció Rogelio otra vez.

Esta vez vino solo.

Mateo estaba cambiando una conexión del bebedero y yo llevaba una carretilla de alimento cuando la camioneta se detuvo cerca de la entrada.

Rogelio bajó despacio.

—Veo que siguen jugando a salvar esto.

Mateo dejó la herramienta.

—Te dije que no volvieras.

Rogelio ignoró la advertencia y me miró.

—La oferta sigue en pie, güera. Cuando él pierda el rancho, puedo darte trabajo.

—No recuerdo haberle pedido uno.

—Vas a necesitarlo.

Mateo dio un paso hacia él.

Yo le sujeté el antebrazo.

No porque Rogelio me diera miedo.

Porque entendí lo que estaba buscando.

Una pelea.

Una reacción.

Algo que desviara la atención.

—Tengo una pregunta —dije.

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