El viejo perro cicatrizado que protegió a una viuda y reveló un secreto inolvidable

Esa noche, Mateo puso la foto de Diego y Roco junto a su cama.

Antes de dormir, me pidió algo que no me esperaba.

—Mamá, ¿mañana puedo llevar la carta al colegio?

Me quedé quieta.

—¿Para qué, cariño?

—La maestra dijo que podemos llevar algo importante de nuestra familia. Yo quiero hablar de papá. Y de Roco.

Sentí un nudo en la garganta.

—Claro que sí.

Al día siguiente, Mateo se levantó antes que yo.

Se peinó solo, se puso su jersey azul y guardó la carta en una funda transparente. Roco lo siguió por el pasillo como si supiera que aquella mañana también era una misión.

Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia. Carlos pasó por casa para llevarnos. Dijo que casualmente tenía que ir cerca, aunque yo sabía que era mentira.

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