Habíamos reunido a más de cien familiares para celebrar nuestros 25 años juntos cuando la novia de mi hijo preguntó inocentemente: “Señor, ¿su esposa sigue internada?”. Mi marido soltó mi cintura y respondió: “Te equivocaste de persona”. Yo terminé la fiesta sin decir nada. Días después encontré una fotografía escondida en su Biblia, y lo que decía detrás me llevó a investigar su primera boda.

—Qué extraño. Su nombre ya aparece aquí desde hace muchos años.

Me quedé helada.

—¿Cómo que aparece?

Giró discretamente la pantalla para mostrarnos los datos administrativos.

El primer contacto era Roberto Mendoza, esposo y tutor legal.

El segundo decía:

«Elena Ramírez. Contacto familiar de emergencia».

Debajo aparecía el número de teléfono fijo de nuestra casa.

Era el mismo número que teníamos desde 2004.

Miré a Roberto.

—¿Por qué pusiste mi nombre aquí?

Él se quedó mirando el suelo.

—Porque si algún día me pasaba algo en la carretera, alguien tenía que enterarse de que Adriana estaba aquí.

—¿Y pensabas que esa persona sería yo?

—Pensaba que tú jamás la abandonarías si supieras que necesitaba ayuda.

Sentí una mezcla de rabia y tristeza imposible de explicar.

Roberto había confiado en mi corazón mientras traicionaba mi confianza.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *