La Bufanda Verde Que Me Enseñó Que Cuidar También Significa Soltar

No sonrió como otras veces.

Se acercó despacio, como si no quisiera asustarme.

“Javier”, dijo, “tu madre hoy está un poco inquieta.”

Esa frase, en una residencia, puede querer decir muchas cosas.

Puede querer decir que ha dormido mal.

Que ha preguntado por alguien.

Que se ha enfadado por una tontería.

O que ha tenido uno de esos días en los que su cabeza la lleva a un sitio donde nadie puede alcanzarla.

Tragué saliva.

“¿Está mi padre con ella?”

Laura asintió.

“Sí. Pero hoy tampoco está muy hablador.”

Fui hacia la sala común con el bizcocho en una mano y la bufanda verde en la otra.

Mi padre estaba junto a la ventana, en su silla de ruedas.

Más delgado que antes.

Más pequeño.

Eso era lo que más me dolía de verlo allí.

Mi padre, que durante toda mi infancia parecía ocupar media cocina solo con entrar, ahora cabía dentro de una silla y una manta sobre las rodillas.

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