La Bufanda Verde Que Me Enseñó Que Cuidar También Significa Soltar

Él bajó la vista.

No por vergüenza.

Por dolor.

Yo intenté sonreír.

“Mamá, hoy he traído bizcocho.”

Ella ni lo miró.

“Luego. Ahora tenemos que irnos. No puedo dejar a los niños solos en la puerta del colegio.”

Los niños.

Otra vez los niños.

Esos niños que ya no existían.

O que sí existían, pero dentro de su cabeza.

Pequeños.

Con mochilas.

Con las manos frías.

Con hambre al llegar a casa.

Y uno de esos niños era yo.

Ese era el problema.

Cuando mi madre decía “los niños”, a veces yo me sentía culpable por haber crecido.

Como si mi edad, mis canas y mi cansancio fueran una traición a la mujer que todavía me buscaba en una puerta de colegio.

“Mamá”, dije con cuidado, “hoy no hay colegio.”

Me miró con una mezcla de miedo y enfado.

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